Tamalameque / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

Desde niño oigo repetir a grandes y pequeños, ancianos y jóvenes: «Tamalameque está escrito en letras de oro en Bogotá». Yo también lo creía, con mucha seriedad confieso hoy, decía lo mismo y repetía convencido esta expresión, como si fuera un axioma, y por tanto, no se tenía por qué demostrar. Jamás averigüé si esto era verdad o mentira. Lo di por cierto sencillamente. Los tamalamequeros somos así. Con una fe ciega en lo nuestro, en el legado histórico-cultural que heredamos de nuestros antepasados. Por eso nunca nos preocupamos de indagar, de buscar las fuentes y orígenes de lo nuestro. Por eso nunca ningún tamalamequero se preocupó de escribir su propia historia, de re-descubrir su propio pasado. Estamos conformes con él, sencillamente pensamos: El pasado está allí. Nuestro pasado ¿para qué? Pensábamos y pensamos en el presente.

Tampoco nos inquieta el Futuro. El pasado nos es –aparentemente− ajeno, pero en realidad lo sentimos tan nuestro que creemos conocerlo al dedillo. Sin tomar conciencia de que son 474 años de historia, la cual se ha ido diluyendo, con el paso del tiempo, quedándose tan solo retazos dispersos aquí y allá, los cuales hay que desenredar, para, siguiendo el hilo del ovillo, llegar como Teseo, con la ayuda de Ariatna a salir del laberinto y matar al Minotauro de la duda.

En éstos últimos años, que me dediqué de lleno a investigar sobre el pasado de Tamalameque, fue cuando me asaltó la duda sobre ésta afirmación, y me cuestioné la conformidad, e inicié la búsqueda del porqué de esta expresión. He buscado por todas partes, he preguntado a muchos y no he hallado respuesta. Parece que la expresión, es tal vez la distorsión de: "Tamalameque está en el Museo del Oro en Bogotá", pues en efecto, en dicho museo hay unas muestras, de esculturas y joyas indígenas de la Cultura Tamalameque ya que nuestros antepasados indígenas eran orfebres.

Veamos lo que dice Aguado refiriéndose a los habitantes de la antigua población de Thamara o Tamalameque: "Los vecinos de éste pueblo por mayor parte labran oro, e tienen sus forjas, e yunques, e martillos, que son de piedra fuerte: Algunos dicen que son de metal negro a manera de esmeril. Los martillos son tamaños como huevos o más pequeños, e yunques tan grandes, como quezo marroquí, de piedras foríissimas: los fuelles son unos canutos tan gruesos como tres dedos o más, y tan luengos como dos palmos. Tienen unas romanas sotiles con que pesan, y son de un hueso blanco, que quiere parecer marfil; y también los hay de un palo negro, como ébano. Tienen sus muescas e puntos para crescer e menguar el peso, como nuestras romanas; pesan en ellas desde pesso de medio castellano, que son cuarenta e ocho granos, hasta un marco, que son cincuenta castellanos, que es ocho onzas no mas; porque son pequeñas romanas".

El adelanto del indígena nuestro, en cuanto a la fundición del oro, era asombroso, por tanto, no es de extrañar que abunden estas piezas en el museo del Oro en Bogotá. Lo que probablemente dio pie para la distorsión de la expresión y con el paso de los años quedó en la conciencia colectiva del Tamalamequero como: "Tamalameque está escrito en letras de oro en Bogotá".

No he podido encontrar otra respuesta razonable a la expresión y me resisto a creer que nuestros abuelos nos metieron un golazo con ésta. Para mí siempre "Tamalameque está escrito en letras de oro en Bogotá". ¡No se discuta más!

 

Diógenes Armando Pino Ávila 

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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