Pensará el lector desprevenido que estoy dando una calificación baja y peyorativa a la izquierda colombiana. No, mi querido lector. Pienso que las propuestas sacadas de la realidad del país, de sus necesidades, del conocimiento puntual de los temas estructurales de Colombia, de la historia reciente y pasada de nuestra patria, de los estudios de gente capacitada y con un cerebro bien puesto y en sincronía con el momento histórico del país y a las que se les puede dar una alta calificación son precisamente las de la izquierda, sobre todo las del candidato de La Colombia Humana.

Por el contrario la nota menor, cercana a ese cero a la izquierda, le correspondería a la derecha, pues con ellas, todos sus candidatos proponen más de lo mismo, de la continuidad en el poder por parte de los que han corrompido al país, con una cantidad de fechorías como la de Reficar, Odebrechs, Interbolsa, alimentación escolar, Cartel de la hemofilia, cartel del sida, Ruta El Sol, y otro sinnúmero de canalladas, todas éstas plagadas de personajes como los Moreno Rojas, Los Nule, Los Lyons, los Besaile, y todo el directorio político donde se registran los apellidos de los caciques, con la curiosidad que no se agrupan alfabéticamente, sino por el grosor del tumbe que le hicieron al estado que es lo mismo que decir que esquilmaron al pueblo colombiano.

Pero no, el tema de hoy no se trata de eso, o si, se trata de lo mismo, pero en una forma más refinada, más craneada, más especializada: quitarle tres ceros a la moneda colombiana. Ideas que vienen desde hace años rondando en la cabeza de los que manejan el poder, y que ahora la pone sobre el tapete el señor Fiscal General de la Nación, el doctor Néstor Martínez. Esta propuesta a todas luces técnica, donde los legos como yo y usted nos es difícil entrar a las entrañas más recónditas de ésta, solo nos deja espacio para razonar con esa malicia indígena de la cual hacemos gala cuando algo no nos gusta, no nos genera confianza o algo apesta.

Por norma general, el pueblo no confía en propuestas de esta naturaleza, las que nos presentan por los medios televisivos y la prensa escrita con esa sencillez apabullante de que tu billete de mil se convertirá en un peso y el de diez mil en uno de diez pesos, y así sucesivamente, pero que su valor adquisitivo no sufrirá cambio alguno. Peor aún, doran la píldora diciendo que lo que se persigue con esta medida es hacer que aparezca el dinero que tienen encaletados las narcotraficantes, llámense guerrillas o bacrin, y que lo mismo pasará con los dineros que los corruptos tengan engavetados sin registrar en las declaraciones de renta.

Tamaño engaño que le hacen al ciudadano de a pie, como si uno tuviera que tragar entero toda la bazofia que dicen los dueños del poder, sus mandaderos y sus prepagos de los medios de comunicación. Definitivamente, la mafia política, los gremios económicos, industriales y banqueros, creen que al pueblo colombiano lo pueden seguir engañando y manipulando como lo hacían hace cincuenta años, pues no, las redes sociales, los medios alternativos de comunicación en pleno auge en estos últimos años, permiten contrastar las opiniones y la información, y como resultado dan la formación de una opinión más informada, de ahí que la desconfianza ante las propuestas políticas de los candidatos y de los que hacen este tipo de mandados no cala de una, en la mentalidad del pueblo.

Cómo así que, con quitarle tres ceros al peso colombiano, hacen que las mafias políticas, los carteles narcotraficantes y políticos saquen los dineros de sus caletas, como si las guerrillas siguieran guardando sus fortunas en pesos colombianos. No ahora todas esas mafias invierten sus recursos en tierras y son los propietarios de enormes latifundios improductivos, (Los que Petro quiere gravar con altos impuestos), las mafias invierten en edificios y casas de recreo, en hoteles de cinco estrellas y lo más cómodo para ellos invierten en empresas de papel en los paraísos fiscales, en dólares, el peso para ellos les importa un carajo.

Creer que las mafias del siglo XXI piensan como pensaba el siglo pasado es una tontería, es desconocer los acontecimientos de las últimas décadas, ¿dónde las pocas caletas que encontraron las autoridades eran canecas repletas de dólares o se nos olvida la famosa guaca de la FARC que descubrieron los soldados? Lo que sí queda claro, y enciende alarmas en el pueblo colombiano, es con el salario mínimo colombiano de 781 242 pesos quedaría reducido drásticamente, pues ya no habría panes de 300 pesos sino del equivalente a mil, ya no se podría ir a la tienda de barrio a menudear el aceite, la cebolla o el tomate, sino que habría que comprar en el equivalente de mil para arriba lo que pondría en calzas prietas al pobre asalariado que con 781 nuevos pesos tendría para comprar precisamente 781 menudeos de un nuevo peso colombiano, mientras tanto los corruptos con sus dólares, en tierras, edificios y en los paraísos fiscales seguirán disfrutando de sus fortunas en dólares y vivirán una vida muelle de sibaritas y seguirán asistiendo a clubes y sitios sociales de alto turmequé.

¡Esta medida de quitarle tres ceros al peso colombiano, vale un cero a la izquierda!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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