Opinión

Semana mayor y política

Diógenes Armando Pino Ávila

09/04/2018 - 06:20

 

Primer debate presidencial (Colombia, 2018)

 

Estas dos últimas semanas, la pasada y ésta que terminó, han sido atravesadas por eventos diametralmente opuestos, pero que, de alguna manera para el pueblo colombiano semejaron un viacrucis festivo. La Semana Santa o Semana Mayor según los católicos, debió ser una semana de reflexión y recogimiento, donde las almas pías reconocieran sus pecados y en un arrebato de arrepentimiento hicieran la contrición de corazones para lavar sus culpas y merecer el perdón celestial que llegaría con bendición y penitencia dada por un clérigo de su parroquia.

En esta semana que termina se dio el llamado Gran Debate televisado y patrocinado por Teleantioquia y la revista Semana y, fueron tal las expectativas que levantó el anuncio, que a las 8 y 30 de la noche del día martes tres de abril, una masiva audiencia estuvo pendiente de la Tv escuchando las palabras de cuatro de los candidatos. Fue un debate muy medido, muy controlado por el tiempo y por una metodología que respetaron los participantes, fue un debate de altura y de mucho respeto, hay que resaltar también que los moderadores intervinieron sin sesgos.

En la Semana Santa la feligresía escuchó los sermones, algunos con la ardentía del cura que regaña a su grey, y suelta como al desgaire una mala pasada de alguna de sus ovejas, cuidándose siempre de que su mensaje no sea tan evidente que pueda servir para adivinar el nombre del pecador, sino que lo deja etéreo, gaseoso en una posición que algo de lo dicho le caiga a la gran mayoría de su rebaño, para que esa culpa compartida sirva de mordaza y obligue que el chisme no ruede más allá de las cuatro paredes del templo.

Luego de expiar culpas el pueblo se emparrandó en las tradicionales partidas de dominó costeñas, donde los contertulios liban su traguito y, entre gracejos y golpes de ficha contra la mesa, se raja del prójimo conocido y cercano en el barrio, se habla de Duque y de Petro desdeñando de plano a los candidatos que menos registran en las encuestas, en tanto las mujeres guisan las hicoteas para el almuerzo, sin importar que es una especie en vía de extinción, y los muchachos juegan futbol o chatean en Facebook y comen rajuñao.

Los candidatos a la presidencia descansaron para reponer fuerzas a excepción de Iván Duque que estuvo en Valledupar en la procesión de Santo Eccehomo, y en Popayán, de donde lo sacaron a punta de gritos e insultos por populista y por hacer oportunismo político, en algo que para el payanés es sagrado, los ritos de su Semana Santa. A Duque le alcanzó el tiempo hasta para asistir al estilista que le tinturara el pelo y le diera una apariencia más uribista, dicen que le probaron hasta gafas, pero que el perfil de su ñata no evitaba que estas resbalaran al suelo, probaron con silicona líquida, pero éstas no se detenían, y después de romper varios lentes tomaron la decisión de dejarlo sin las gafas de vidrios redondos que él quería para imitar a su ídolo (esto último, ya lo saben, es un chiste flojo).

Terminados los ritos cuaresmales los candidatos juiciosos estudiaron sus propuestas, tomaron y revisaron notas para presentarse puntuales al Gran Debate de la revista Semana y Teleantioquia, tengo la sospecha que los asesores de Vargas Lleras, Duque y Fajardo les aconsejaron acercarse más a las ideas de Petro, esas ideas que todos ellos desechaban por descabelladas, pero que al final son las mejores y más cercanas al querer del pueblo, ellos tuvieron doble trabajo, desaprender las carretas que ya tenían montadas y maquillar las de Petro para que no se parecieran tanto.

Este re-aprendizaje maquillado les puso tensos en el debate, pues se les notaba a leguas que les atragantaban estas ideas progresistas en esas mentes derechistas y de ortodoxia neoliberal.

Vargas Lleras habló más de su paso por la vice presidencia que de su futuro como posible presidente. Fajardo fue más suelto de lengua, pero en su tibieza dejaba entrever que no sabía para dónde tirar el cabezal de la mula y divagaba entre la izquierda y la derecha. Duque se le notaba que había un divorcio conceptual entre lo que debía asemejarse a las propuestas de Petro y el libreto uribista, y por miedo a dar un traspié, daba y daba vueltas aterrizando siempre en una tal factura electrónica que sería la panacea para salvar a Colombia de la manada de corruptos que la tienen arruinada.

En tanto Petro, nadaba en sus aguas, con seguridad y conocimiento de los temas que trataba, demostrando que tiene el país, sus problemas y soluciones en su cabeza. Disculpen si no opino igual que ustedes, pero para mí, el ganador de la jornada fue Petro.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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