Historia

Esclavitud, cimarrones y palenques

Christian Delgado Escobar

21/05/2018 - 07:35

 

 

“Los sábados, la pobrería mulata abandonaba en tumulto los ranchos de cartones y latón de las orillas de las ciénagas, con sus animales domésticos y sus trastos de comer y beber, y se tomaban en un asalto de júbilo las playas pedregosas del sector colonial. Algunos, entre los más viejos llevaban hasta hacía pocos años la marca real de los esclavos, impresa con hierros candentes en el pecho. Durante el fin de semana bailan sin clemencia, se emborrachaban a muerte con alcoholes de alambiques caseros, hacían amores libres entre los matorrales de icaco, y a la media noche del domingo desbarataban sus propios fandangos con trifulcas sangrientas de todos contra todos.  Era la misma muchedumbre impetuosa que resto de la semana se infiltraba en las plazas t callejuelas de los barrios antiguos, con ventorrillos de cuanto fuera posible comprar y vender, e infundían a la ciudad muerta un frenesí de feria humanan olorosa a pescado frito: una vida nueva”1

La esclavitud es el estado social definido por la ley y las costumbres como la forma involuntaria de servidumbre humana más absoluta. Un esclavo se caracteriza porque su trabajo o sus servicios se obtiene por la fuerza y su persona física es considerada como propiedad de su dueño, que dispone de él a su voluntad. Desde los tiempos más remotos, el esclavo se definía legalmente como una mercancía que el dueño podía vender, comprar, regalar o cambiar por una deuda, sin que el esclavo pudiera ejerce ningún derecho u objeción personal o legal.

La mayoría de las veces existen diferencias étnicas entre el tratante de esclavos y el esclavo, ya que la esclavitud suele estar basada en un fuerte prejuicio racial, según el cual la etnia a la que pertenece el tratante es considerada superior a la de los esclavos. Es muy raro que los esclavos sean miembros del mismo grupo étnico que el dueño, pero una de las pocas excepciones se dio en Rusia durante los siglos XVII y XVIII. La práctica de la esclavitud data de épocas prehistóricas, aunque su institucionalización probablemente se produjo cuando los avances agrícolas hicieron posible sociedades más organizadas que requerían de esclavos para determinadas funciones.

Para obtenerlos se conquistaban otros pueblos; sin embargo, algunos individuos se vendían a sí mismos o vendían a miembros de su familia para pagar deudas pendientes; la esclavitud era también el castigo para aquellas personas que cometían algún delito.

La Importancia de la Esclavitud

Justificación Económica

La institución fue importantísima para la vida económica de la Colonia, especialmente a partir de finales del siglo XVIII. Sobre ella pesaba en mucha parte la producción de las diferentes actividades. Además, en una época en la que la mano de obra era escasa por el reducido número de indígenas en algunas regiones, o por la renuencia de éstos a prestar servicios a los españoles; y desde el momento en que todavía no se había desarrollado la proletarización rural, la esclavitud era una institución esencial para el proceso productivo. No es de extrañar entonces que, en el avalúo de minas y haciendas, los esclavos tuvieran un valor superior al de las propiedades y sus mejoras. Además, el comercio de esclavos fue una fuente de acumulación de capital para los comerciantes dedicados a la trata negrera, en especial los de Cartagena, centroamericano de este comercio.

Como institución y sobre todo en períodos de dificultad para reponer la mano de obra, la esclavitud creaba un límite a la explotación desde el momento en que el amo la llevaba sólo hasta cierto punto, porque sabía que si la imponía más allá, el esclavo moría y se perdía la inversión. Por esta razón en ciertas condiciones los esclavos pudieron estar mejor que los mitayos, pero por otra parte, el esclavista trataba de llegar siempre hasta el límite con el objeto de sacar el mayor provecho al capital que había invertido, por lo cual el trabajo del esclavo apropiado por el amo era máximo, no dejando para aquél sino que éstos debían conseguírsela trabajando la tierra los días festivos que se les daban para el descanso. Aparte de lo anterior y la relación amo–esclavo y la protección que la sociedad y las leyes le brindaron al primero eran muy adecuadas para que éstos descargaran en los esclavos ciertas conductas patológicas.

Cartagena de Indias, principal centro de esclavitud de la Nueva Granada

Al iniciarse el siglo XVII, Cartagena de Indias era la plaza fuerte más importante del sistema defensivo del Caribe hispano, uno de los dos puertos autorizados en las posesiones españolas de América para introducir negros esclavos y punto de estacionamiento de la Flota de los Galeones en su comercio con Sur y Centroamérica. La combinación de estas tres características le imprimió a la ciudad un dinamismo y un aire de progreso que no tuvo antes ni después, la convirtió en el centro del poder económico, político y militar del Caribe colombiano y la dotó de una importancia para la Corona que no alcanzó en los límites del Caribe.

Vía de penetración al interior de vastísimos territorios que conducían a los centros andinos de producción del oro y la plata, con una bahía que era una de las más grandes plácidas y seguras de toda la América, fue punto clave en el sistema de comunicaciones e intercambio de España con sus colonias americanas, lo mismo que en su sistema defensivo.

El monopolio del comercio exterior y del tráfico de esclavos transformó radicalmente la vida social de Cartagena, dotándola de una identidad peculiar en el comercio neogranadino. El elemento decisivo en esta transformación fue la importación masiva de decenas de miles de negros, la mayoría de ellos residentes de la ciudad hasta su posterior envío a tierras del Perú, Quito, Panamá y el interior de la Nueva Granada. Las facilidades de su importación y de su posterior adquisición por las élites cartageneras cambiaron la composición de la población. La encomienda indígena perdió importancia con la drástica reducción de los nativos, quienes fueron reemplazados por un número cada vez más grande de negros en el trabajo de las haciendas y las ocupaciones urbanas.

A diferencia del resto de las ciudades importantes de la Nueva Granada, incluidas las del caribe colombiano, Cartagena de Indias adquirió desde el siglo XVII la distinción de ser una ciudad predominantemente negra y mulata. Pero no sólo en esto consistió el cambio. La ciudad se llenó de extranjeros especialmente portugueses y holandeses ligados al negocio de la esclavitud, hasta tal punto, que la corona decidió establecer allí el Tribunal de la Inquisición para el caribe y el Norte de Sudamérica, con el objetivo principal de reprimir las actividades de los judíos, protestantes y herejes de distintas nacionalidades, atraídos el puerto por las posibilidades de hacer negocios.

El estacionamiento de la Flota de Galeones, que en ocasiones podía durar varios años, convirtió a Cartagena en el único centro habilitado, junto con Portobelo en Panamá, para el comercio de Sudamérica con España. De toda la Nueva Granada, de Quito y hasta del Perú bajaba, los comerciantes, con sus carteras llenas de oro y plata, a comprar mercancías y esclavos en Cartagena.

La ciudad adquirió así desde temprano su impronta de centro del comercio de la Nueva Granada, y con ello otra razón importante para proceder a dotarla de las seguridades de una plaza fuerte. Atraídos por sus riquezas, piratas y corsarios la sometieron a permanentes ataques y asedios y en 1697 fue completamente saqueada por el pirata francés Jean Bernal Desjaean, Barón de Pointis, el episodio final de una serie de eventos y decisiones que la afectaron negativamente e introdujeron cambios profundos en su naturaleza. La trata de negros había decaído notablemente y el dudoso honor de principal puerto negrero en la América española recaía en Buenos Aires, ahora abastecedor principal del Perú. Cartagena ingresó al siglo XVIII en ruinas y abandonada, como consecuencia del saqueo de los piratas.

El ataque de Pointis tuvo lugar cuando se esperaba que la flota arribara al puerto de un momento a otro, razón por la cual se encontraban allí muchos comerciantes con grandes sumas de dinero destinadas a la compra de mercancías. Al apoderarse Pointis de ese capital provocó la quiebra del comercio cartagenero, bastante afectado ya por la decadencia del sistema de flotas y la desaparición del monopolio de la introducción y venta de esclavos. En 1703 quedaban sólo ocho españoles en la ciudad, y en el censo de 1708, se contaron menos de cuatrocientos blancos. La abrumadora presencia de negros y mulatos definió el mundo social cartagenero descrito por los sabios españoles. Constituían la fuerza de trabajo de las haciendas de los alrededores, trabajaban como artesanos y se ocupaban del resto de oficios menores de una ciudad portuaria y castrense como Cartagena de Indias.

Al lado de los negros y mulatos creció una población blanca “pobre y miserable” que prefería vagar por la ciudad porque “ya sean criollos o chapetones, desdeñan tal denigrante ocupación (trabajo manual) queriendo trabajar en nada que sea menos que comerciar”2. Cartagena se había diferenciado del resto del caribe colombiano y de la Nueva Granada en general, convirtiéndose en una especie de enclave esclavista, predominantemente negro, en medio de una sociedad de composición más heterogénea, con una gran influencia todavía de las culturas nativas.

Cimarrones y Palenques en la Nueva Granada

En estas áreas como en otras regiones esclavistas de las Américas, la institución de servidumbre y cautiverio engendró una manifestación opuesta: la resistencia de sus víctimas y su lucha por la libertad. Desde los inicios de la esclavitud en la Nueva Granada, los africanos en contra de sus opresores tratando de escapar a su control o bien, bajo otras formas de resistencia menos abierta.

A finales del siglo XVI los esclavos prófugos o cimarrones se habían convertido en un grave problema para la sociedad española de la costa caribe.  No sólo privaban a los propietarios de esclavos de su “propiedad” sino que, formando comunidades fugitivas o palenques constituían una amenaza para la estabilidad de la misma sociedad esclavista. Esta modalidad de resistencia persistió a través de todo el período colonial. El cimarronismo a gran escala, que involucraba a prófugos que se unían para formar sus propias comunidades al margen de los asentamientos hispánicos, hizo su aparición en la Nueva Granada desde los inicios de su historia.  Desde el año 1570 se conoce de expediciones españolas en contra de estas comunidades fugitivas en la provincia de Cartagena.  Parte de la tradición cimarrona es constituida por el palenque de San Basilio

Este por ser el más grande y organizado presentaba una base agrícola, ubicado en asentamientos estables bajo un liderazgo político y militar muy definido y, como en algunos otros casos, ordenados de acuerdo con orígenes tribales o étnicos africanos, estaban equipados con arcos y flechas además de armas de fuego, protegían sus asentamientos con empalizadas y fosos escondidos.  Ejemplo el palenque de Popayán (construcción de iglesias y trataron de negociar para que les fuera asignado un sacerdote.)  En este ejemplo se deja ver claramente el arraigo de la tradición religiosa cristiana impuesta por los españoles.

El escape individual podía ser llevado a cabo por individuos, actuando independientemente por una gran variedad de motivos. La huida podía ser un acto espontáneo, estimulado por la amenaza de un castigo, que podía provenir del amo o ser producto de una infracción de ley.  En otros casos los esclavos huían para escapar de las malas condiciones de vida y para apelar a la ley; la huida era un elemento ampliamente practicado por los esclavos que aspiraban beneficiarse de la legislación paternalista, destinada a proteger a los esclavos del abuso, para asegurarles niveles mínimos de bienestar material y espiritual, para garantizar los derechos legales y proporcionar las vías mediante las cuales los esclavos pudieran ejercer tales derechos.  Cuando los esclavos deseaban lograr su libertad, aspiraban tenerla en compañía de otros esclavos, ya sea tratando de encontrar comunidades de fugitivos o tratando de escapar en grupos que pudieran establecer sus propias comunidades autosuficientes, lejos del amenazador contexto de la sociedad dominada por blancos.

La fuga de esclavos surgía de la rebelión colectiva de un grupo y conducía a la fundación de una comunidad fugitiva o palenque. Sin embargo, el primero de estos elementos no siempre llevó a la realización del segundo.  Algunas veces, la rebelión y la amenaza de fuga eran usadas para presionar al propietario de esclavos, y no llegaba a realizarse el escape hacia el palenque.  En otras oportunidades, los esclavos fueron más lejos, traspasaron la protección de los derechos básicos existentes en la esclavitud para tratar colectivamente de escapar a su régimen y ejercer a una libertad más amplia.  La búsqueda de este propósito más ambicioso pudo haber nacido de una reacción en contra del maltrato en circunstancias similares a las que provocaron el alzamiento de los esclavos.

La rebelión implicaba más que un simple forcejeo de voluntades entre los esclavos y sus amos dentro del contexto de la economía esclavista. Evidentemente, la concepción de libertadas que tenían los esclavos iba mucho más allá del simple hecho de aislarse de la sociedad hispánica; las oportunidades económicas que ofrecía la frontera los estimulaba hacia la visión de un futuro en el que ellos podrían ocupar su propio lugar como gente libre en una sociedad más amplia, y formar parte de la población libre de la región constituida en su gran mayoría por campesinos y buscadores de oro y mestizos y mulatos.

Existe otra categoría de protesta esclava que también incluía la fuga, pero en menor escala y con objetivos más limitados.  Este tipo de protesta surgía cuando los esclavos huían para poder lograr objetivos determinados mediante una apelación formal ante la justicia colonial. Es evidente que el escape no era una acción llevada a cabo al azar por unos cuantos individuos, sino que era parte de una campaña estructurada para preservar las concesiones hechas dentro de la economía esclavista, respaldada por la autoridad de un reconocido grupo de principales, que eran los líderes de una jerarquía esclava informal, que precedía y marchaba paralelamente a la de la nueva administración de la hacienda. Dicho liderazgo interno se apuntaba mediante una relación de parentesco dentro de la comunidad esclava puesto que la mayoría de los líderes tenían lazos de consanguinidad entre ellos.

Finalmente, los esclavos prófugos pueden ser agrupados en dos amplias categorías: La primera de ellas estaba conformada por esclavos que huían individual o colectivamente, en un intento por regular, mejorar o cambiar el trato que recibían dentro de la esclavitud.  Aquí pueden incluirse casos de fuga que surgían debido a la infracción por parte del esclavo de los códigos disciplinarios o legales y, en los cuales los esclavos huían para evitar el castigo de sus amos o de la ley.

Esta categoría incluye también episodios en los que los esclavos huían, no por haber transgredido las normas, sino porque consideraban que sus amos lo habían hecho; en este caso, más que una huida de la justicia de los propietarios de esclavos o del estado era una fuga hacia la justicia, representada por la legislación hispánica, concerniente a los esclavos.

La segunda categoría de fugitivos estaba conformada por esclavos que individualmente o en grupo, aspiraban a rebelarse en contra de la esclavitud escapando permanentemente hacia la libertad.  Este acto representaba una resistencia mucho más directa hacia el sistema esclavista, no sólo se aspiraba a una ruptura total del cautiverio, sino que, al ser adoptado por grupos de esclavos, consagraba un sueño de vida libre en comunidades autónomas, viviendo más allá del alcance de los propietarios de esclavos y de su estado de esclavitud. 

Este tipo de cimarronismo es, en un amplio sentido, un legado de los cimarrones y palenques de los inicios del período colonial en el que los africanos se rebelaron contra el yugo esclavista en función de unas formas de resistencia no sólo defendiendo una autonomía territorial, sino, además una nueva autonomía identataria.  Una autonomía identataria que empieza a  cimentarse y establecerse a partir de la interacción e intercambio de los múltiples grupos humanos que fueron  extraídos y desarraigados de África.

 

Christian Delgado Escobar

Universidad del Valle (Cali, Colombia).

 

Bibliografía.

Cimarronismo, palenques y Hablas “Criollas” en Hispanoamérica.  De Granada, Germán. Instituto Caro y Cuero, Santa Fe de Bogotá, 1970.

El Fracaso de la Nación.  Región, clase y raza en el caribe colombiano (1717 – 1810) Múnera, Alfonso. Banco de la República, El Áncora Editores, Santa Fe de Bogotá, 1998.

Introducción a la Historia Económica de Colombia. Tirado Mejía, Álvaro.  La Carreta, Santa Fe de Bogotá. 1974

Cimarrones y Palenques en Colombia. Siglo XVIII. McFarlene, Anthony.  Historia y Espacio Nº 14, Santiago de Cali, 1991.

Notas Pie de Página.

1. El Amor en los tiempos del Cólera, García Márquez, Gabriel.  Editorial Oveja Negra, 1985.  Pág. 28 - 29.

2. El Fracaso de la Nación.  Región, clase y raza en el caribe colombiano (1717 – 1810) Múnera, Alfonso.

Banco de la República, El Áncora Editores, Pág. 80.

Acerca de esta publicación: El artículo “Esclavitud, cimarrones y palenques” de Christian Delgado Escobar fue publicado con anterioridad en la revista “Anacrónica” de los estudiantes de historia de la Universidad del Valle (Cali, Colombia).

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