Junta de acción comunal en Valledupar / Foto: Valledupar-cesar.gov.co

El poeta y maestro Gustavo Gutiérrez Cabello, lo plasmó muy bien en su canto:

Porque mi tierra

ya no es lo que fue

emporio de dulce canción

remanso de dicha y de paz

amenizado en acordeón…

Por su parte, el nunca bien recordado, Rodolfo “el veje” Bolaño, inmortalizó sus versos al “Viejo Valledupar”

Viejo Valledupar

si te volviera a ver

como tú fuiste ayer

típico y colonial

casitas de bahareque

con sus palmas caladas

hojas de calicanto

y sus tejas coloradas…

Tuvimos el privilegio de crecer en este Valle de amores, sede del encuentro poético del verso, la musa y las tonadas alegres provenientes de instrumentos cuya égida musical confirman la grandeza territorial que nos arropa con sentido comunitario, altruista e internacionalista. Siempre fue grata la sensación de que, como cantara el gran Emilianito Zuleta, “sabíamos que algo podía suceder”, el compromiso tácito de enfrentar la adversidad, el embotellamiento y el centralismo del viejo Magdalena, en la seguridad de que, más adelante, se “arreglarían” las cargas.

Nuestra ciudad, Valledupar, evolucionó con el paso del tiempo, en ese marco descrito por el maestro Leandro Díaz, en su hermoso canto a Barrancas:

Le vengo a canta a mi pueblo mil versos

por qué yo siempre lo llevo presente

alegre estará mi tierra cuando le diga la gente

que tiene sus hijos al frente para defender sus derechos

le vengo a cantà este son a mi tierra

con un sentimiento grato y profundo

hoy cuenta la tierra mía con telecom en la sierra

hoy se comunica mi tierra con todos los pueblos del mundo

Ha transcurrido bastante tiempo y nuestra Valledupar ha crecido, se ha modernizado y, pese a múltiples dificultades, sigue delante de la mano del progreso, la magia que la caracteriza y el arraigo que produce en propios y visitantes. Durante el último tiempo enfrenta serios motivos de inquietud colectiva por la seguridad. El atraco callejero y otros delitos, de no menor impacto, ensombrecen la percepción ciudadana y dan lugar al miedo a salir, a sentirse intranquilos a pesar del manejo de la situación por parte de la institucionalidad. El Alcalde Augusto Daniel Ramírez Uhia, lidera el plan de establecimiento de la normalidad, con el apoyo del Gobernador Franco Ovalle y el empeño de la Policía nacional, el Ejército y demás organismos de seguridad.

La pobreza, la desigualdad social y la falta de productividad en número creciente de habitantes, da lugar a una situación de inestabilidad social, promueve desencantos y enfados que terminan muchas veces en acciones delincuenciales y la falta de acción efectiva del Estado, en materia de justicia, resocialización y empleabilidad, confluyen en círculo vicioso cuya afectación principal golpea a la sociedad y desestimula la legalidad. Pese a ello, son más las acciones buenas y el esfuerzo institucional que, sumado a la colaboración ciudadana, mantienen viva la llama de la esperanza, la confianza y el triunfo de la legitimidad.

A la par con el desarrollo que, durante largura de años, se estancó por diversas razones, la territorialidad urbana fue extendiéndose y en aumento también las diversas problemáticas, pese a lo cual, el progreso social ha estado presente. En ese sentido, de una u otra manera, el movimiento comunal ha estado presente. La junta de acción comunal es una organización cívica, social y comunitaria de gestión social, sin ánimo de lucro, de naturaleza solidaria, con personería jurídica y patrimonio propio, integrada voluntariamente por los residentes de un lugar que aúnan esfuerzos y recursos para procurar un desarrollo integral, sostenible y sustentable con fundamento en el ejercicio de la democracia participativa” (Ley 743/02, Art. 8, literal a.). La Acción Comunal, como expresión social organizada, cuenta con más de 43.000 organizaciones a nivel nacional, siendo el tipo de asociación con mayor cobertura territorial y número de miembros. En Valledupar existen hoy día 175 Juntas de Acción Comunal, cuyas juntas directivas fueron elegidas recientemente, con 14 directivos cada uno y un número significativo de personas que participaron con su voto.

La estructura de una Junta de Acción Comunal, es la siguiente:

Órgano de dirección: integrado por el Presidente, Vicepresidente, Tesorero, Secretaria y Coordinadores de las Comisiones de Trabajo y Empresarial. 

Órgano de control: Fiscal. 

Órgano de conciliación y vigilancia. Comisión de Convivencia y Conciliación, integrada por tres Conciliadores Es importante advertir a la comunidad sobre la necesidad de elegir ciudadanos que puedan asumir a cabalidad las funciones que deben ejercer estas Comisiones, teniendo en cuenta que son los que imparten la justicia comunal y, está en sus manos, la solución de los conflictos que se presenten al interior de cada organización. Para ello deben disponer de tiempo y tener los conocimientos mínimos en materia de legislación comunal y normas estatutarias, a fin de que intervención sea pronta y eficaz.

Órgano operativo: Comisiones de Trabajo y Empresarial. 

Órgano de representación: delegados a las juntas de Acción Comunal. 

Asamblea de residentes: Para tratar asuntos de interés público y general para el desarrollo de la comunidad y no para tratar asuntos  organizativos de la junta de acción comunal. 

Algunas juntas logran avances importantes en la gestión que promueve la realización de obras por parte del  gobierno municipal, el mejoramiento de la convivencia y la concertación para el desarrollo del espacio comunitario. Es una labor interesante, enriquecedora y necesarísima, si se quiere. Líderes comunitarios como Benjamín Herrera, Efraín Peña, Tulio Villa, desplegaron en el pasado ejecutorias que sembraron de resultados verificables en favor de sus comunidades y, lo más importante, que hoy se echan de menos y se añoran con el dolor que produce lo infructuoso. Era un liderazgo cívico  que motivaba la acción permanente y generaba resultados milagrosos. Irse el gran “Meagacho” a Bogotá y montar guardia, durante tres días –sin sus almuerzos- seguidos para entrarle al ministro de justicia y conseguir la aprobación para el funcionamiento de la casa cárcel de conductores en Valledupar que, por cierto, fue la primera en operar a nivel nacional, fue faena productiva sin que mediara el interés nefasto del dinero fácil.

Hace poco asumieron sus responsabilidades los nuevos dignatarios del movimiento comunal y así como algunos que ya no están lo hicieron bien otros que llegan crean expectativas sanas respecto de lo que están llamados a hacer y pueden realizar. Está demostrado que solos no pueden, necesitan la guía que la institucionalidad tiene la obligación de garantizar sin rutinizarla ni mecanizarla. Desde cómo llevar a cabo reuniones productivas, saber escuchar, dirigencia responsable, ética valores y responsabilidad, normatividad aplicable, resolución de conflictos, relaciones interpersonales, trabajo en equipos, formación de equipos de alto rendimiento y muchísimos más.

Estoy seguro de la importancia que tanto el Gobernador, Franco Ovalle, como nuestro Alcalde, Augusto Daniel Ramírez Uhia, le dan al tema comunal. Señor Alcalde Tuto Uhia, lidere la gestión institucional en favor del desempeño óptimo de las Juntas de Acción Comunal, en la territorialidad municipal, con lo cual proactivarà la obra de gobierno en cuanto se refiere al compromiso de sinergizar con el liderazgo y el trabajo comunitario. Combatir la “soledad” presidencial, unas veces por abandono de los coequiperos y las más por estrategia innoble para no rendir cuentas, tener a quien culpar y/o “comer solo”. Es tiempo de mejorar, en pos de la excelencia, para expandir el nivel municipal de ejecutoria y logros.

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@albertomunozpen

Cosas del Valle
Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Actualmente desempeña el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

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