Sentarme a escribir semanalmente esta columna debería ser una rutina, pero ocurre que no, ya que pospongo su escritura y trabajo casi al límite del tiempo de la entrega, generalmente la escribo de cinco a seis de la mañana del día jueves y la envío tipo diez am, en parte ese retraso se debe a múltiples motivos, tales como: obligaciones laborales que me apartan de mi pasión por la escritura, la duda en la escogencia del tema a tratar, o al escribir borradores y revisar en la Internet si ya se han tratados temas afines encuentro que sí y que ya han sido tratados y,  no tanto eso, si el enfoque es similar al de mi borrador, cuando eso ocurre debo eliminar el escrito y tomar un tema o un enfoque diferente.

Otra de las causas es la consabida procrastinación, palabreja rara, tan de moda en estos tiempos que consiste en dejar pasar el tiempo para hacer lo que corresponde, es decir dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. Este síndrome no es ajeno a nosotros los caribes, pues somos personas que vivimos despacio saboreando segundo a segundo la vida y entre mamadera de gallo, dichos y gracejos pasamos estupendamente el tiempo, o mejor, dejamos que el tiempo pase por encima de nosotros y cuando, por fin, tomamos consciencia que es tarde para emprender la tarea, nos pellizcamos y de afanes nos concentramos para juiciosamente hacer lo que debimos realizar con antelación.

En éstos últimos tiempos mi mayor dificultad es escoger el tema, ya que sobre abunda información, porque Colombia vive un torbellino de escándalos que suceden o se destapan a velocidad de vértigo y el ciudadano no alcanza a enterarse de uno, cuando ya hay dos en la parrilla esperando para ser servidos, en un menú variado que cubre todos los gustos, estos que escandalizan al pueblo colombiano tienen vida pública fugaz, pues aparecen con una fuerza arrolladora y despiertan una furia huracanada que exacerba pasiones y enciende polémicas en las redes, pero al cabo de dos o tres días desaparecen y son reemplazados por otros.

El ciudadano pierde el hilo de la información y no puede hacerles el seguimiento a dichos escándalos ya que los medios de comunicación nacional, esos mismos que lanzan la noticia y que tendenciosamente la ligan y contaminan con opiniones de tipo personal o con intereses políticos, son los mismos que hábilmente la hacen desaparecer magnificando otros acontecimientos, siempre llevando la malvada intensión de confundir y desinformar.

Últimamente el Boom ha sido Odebrecht y su enorme poder corruptor, los medios destapan y tapan tan abundante material informático sobre este o, mejor, sobre los casos de esta empresa, que el colombiano no alcanza a digerir lo de la campaña Zuluaga y la de Santos cuando le lanzan lo de Otto Bula y no se ha olfateado lo de Bula cuando ya te enfrentan al caso del ex viceministro Gabriel García Morales,  y no bien se ha secado la tinta utilizada para la noticia anterior, cuando estalla el caso del ex gobernador Lyons y su red de corrupción, sonando todavía la enardecida plaza cuando los gringos presentan a el ex fiscal Luis Gustavo Moreno sobornando a Lyons y en esa espiral convulsa sale a relucir lo de los exmagistrados y presidentes del alto tribunal José Leonidas Bustos, Francisco Javier Ricaurte y Camilo Tarquino.

Luego nos salta la liebre con el caso del ex ministro Andrés Felipe Arias y siempre siguiendo la tendencia muy colombiana de que un escándalo tapa a otro nos sale el senador Álvaro Uribe —maestro en estas lides— con el caso de que tiene información sobre el asesinato de Álvaro Gómez, y pruebas contra el gobierno Santos y como ribete nos suelta la perla que tiene pruebas de que su hermano no perteneció a los Doce Apóstoles (tal vez resulte que hizo parte de una secta de samaritanos que hacían el bien en el territorio antioqueño).

Todo lo anterior es un resumen de lo que ocurre y que nos han contado después de que nos atiborraron de información y odios sobre Venezuela y cuando ya el pan estuvo en el horno y el desquiciado de Trump propuso la intervención al hermano país y que hasta la misma oposición cerró filas diciendo que no aceptaba dicha intervención. Total, con todo esto lograron el objetivo: distraer a los colombianos para que no tomaran consciencia de que la guerrilla entregó las armas, entregó los niños, y está entregando los bienes mal habidos. Es decir, nos desconectaron del tema más importante para Colombia el tema de la paz y la finalización de la guerra. Definitivamente tenemos grandes maestros en tender cortinas de humo y en manipular la opinión pública. ¿Así quién no duda al escoger un tema para escribir?

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto 

Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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