Opinión

Dolor de Patria: niños wayúu mueren de hambre

Diógenes Armando Pino Ávila

16/04/2014 - 11:10

 

Tengo la fea costumbre de apropiarme del control de la Tv y cambiar de canal, deteniéndome pocos segundos en cada uno, viendo la programación y, al parecerme insulsa, paso a otro canal, con el mismo resultado y así de canal en canal por todo el menú que propone la empresa de Tv satelital a la cual estoy abonado, en un ejercicio inútil por encontrar algún programa que no insulte la inteligencia del televidente y ante la protesta de mi esposa me detengo en un canal al azar, con la fortuna de que el programa que emite esa noche es Especiales Pirry, un loquito valiente, por todos conocidos, que hace televisión de un modo diferente, atrevido, audaz y es capaz de tocar temas que los noticieros y otros programas similares no se atreven ni a mencionar.

Esa noche, el tema que trataba era el de los niños de la etnia wayúu que se están muriendo de hambre en la Guajira. A mi edad, y con la fortuna de tener varios nietos (a los que siento más míos que a mis propios hijos), ver este programa fue un golpe a mi conciencia, no concebía que en uno de los departamentos que más regalías recibe, pues en él se encuentra la explotación de carbón a cielo abierto más grande de Colombia, se diera semejante hecho criminal, donde la corruptela de la clase política en claro abuso de poder desvíe y despilfarre tantos recursos sin atender una etnia que debería estar protegida por ser los pobladores auténticos de ese semi-desierto, de belleza inigualable que es La Guajira.

Ver ese programa me llenó de indignación, en el vi a un grupo de niños famélicos, con claros síntomas de desnutrición severa, y me di cuenta que el problema de la hambruna no solo se daba en Somalia, sino que lo teníamos en nuestro territorio. En esas costillas marcadas y huesudas de esos inocentes, se mostraba la monstruosidad de nuestro sistema político, se retrataba la más honda injusticia social, donde las clases que ostentan el poder político y económico derrochan y se apropian en indebida forma de los recursos del erario para enriquecerse y enriquecer a sus amigos y parientes, mientras que los niños, los indígenas, los pobres de las ciudades y el campo mueren por física hambre.

En ese programa vi también la valentía de Pirry al realizar tremendo programa donde denunciaba el terrible drama de los niños wayúu, también ví y admiré el arrojo, la ardentía de Rosario, una valiente mujer Wayúu, que hacía la denuncia, y que había puesto sobre aviso de esta tragedia a las autoridades municipales, y departamentales de la Guajira y al gobierno nacional de la tragedia que estaba ocurriendo y que ningún ente gubernamental le puso atención. Contaba ella, con lágrimas en sus ojos, que, ante la sordera y ceguera oficial tomó la decisión de apelar a Pirry para hacer la denuncia a nivel nacional.

En ese programa vi el cinismo del gobernador de la Guajira y del alcalde de Riohacha que justificaban esa tragedia con cifras de sus abultados presupuestos y me preguntaba: ¿A qué bolsillos fueron a parar esos miles de millones de pesos de que hablaban?  Escuché al director del ICBF departamental culpando a las autoridades territoriales de esta terrible situación, mientras defendía su labor, escuché al Defensor del Pueblo de La Guajira defendiéndose él, defendiendo su salario, su puesto, porque lo que dijo sobre su labor no se ve reflejado ni en demandas, denuncias, criticas, acciones o reconvenciones contra los responsables de esta acción criminal.

En este programa, vi como los colombianos nos indignamos por la sequía del Casanare, que puso en peligro a hicoteas, babillas y chigüiros, esa tragedia ambiental que puso en la picota pública al gobierno nacional y a la minería y que además sacó a relucir el cinismo y la falta de patria de la ministra del Medio Ambiente que dijo, palabras más, palabras menos que cuál era la bulla si apenas se habían muerto seis mil chigüiros y que la población de esta especie en el Casanare era de sesenta mil.

Yo fui uno de los que hice activismo en las redes sociales pronunciándome sobre esta tragedia ambiental, y al igual que cientos de miles de colombianos indignados subimos tuits, estados de feisbu, memes, fotografías, caricaturas y demás mensajes, protestando por la tragedia ambiental del Casanare, pero con la tragedia de los niños indígenas de la etnia Wayú no se ha dado la misma reacción. ¿Por qué? ¿Por qué los medios nacionales no se han pronunciado?, ¿Qué temen? ¿Qué tapan? ¿Qué esconden? ¿Por qué el silencio estatal?

Este tipo de hechos hacen que uno sienta indignación, dolor de Patria y, peor aún, hace que íntimamente uno sienta vergüenza de ser ciudadano de un país que deja morir de hambre a sus niños. ¡Qué piensa Usted? ¿Qué siente Usted?

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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