Artes plásticas

Arturo Castro Castro, en la memoria de Valledupar

Johari Gautier Carmona

18/12/2012 - 11:34

 

Arturo Castro CastroEl fallecimiento del artista plástico Arturo Castro Castro el pasado 23 de noviembre sumió la ciudad de Valledupar en un estado de congoja. Uno de sus artistas más destacados moría en la lejanía de la capital colombiana, con sólo 55 años de edad.

Su entierro el domingo 25 de noviembre fue una demostración de su cercanía y sencillez. Centenares de personas acudieron al evento, para despedirse del artista y arquitecto. Con ellos estaba el recuerdo de sus Cumbiamberas y de sus frecuentes viajes a Valledupar.

El 26 de noviembre la alcaldía expresaba por medio del decreto número 000488 un homenaje de admiración y respeto a la memoria del artista quien “se distinguió por su aporte al arte en el municipio de Valledupar”.

También se exaltaba la calidad humana y la vocación de servicio al arte de un hombre que siempre buscó espacios de conciliación y de paz, y que movilizó su talento para la mejora y el crecimiento de la región.

Con el afán de rescatar su memoria y evaluar el impacto de la pintura del artista en la sociedad vallenata, me lancé en este reportaje donde se enumeran los testimonios de grandes protagonistas de las artes y amigos cercanos.

Los comentarios confirmaron esa gran simpatía generada por el artista y esa permanente inquietud por transformar la percepción de las Artes en una sociedad donde, según él, el talento era patente pero la sensibilidad deficiente.

El pintor y decano de Bellas Artes, Efraín “El Mono” Quintero, describió al artista vallenato como una persona muy apasionada por las artes. “Arturo era una persona muy inquieta. Parece que tuviera todas las pasiones –comentó Efraín–. Era muy explosivo, tenía una vitalidad increíble. Trabajaba y vivía con demencia”.

Según Efraín Quintero, Arturo Castro no desaprovechó un solo instante para desarrollar su arte y sus procesos. “Hace parte de esas personas a quienes Dios les da mucha velocidad y se van con la misma velocidad. Siempre iba moviéndose, buscando algo nuevo –explicó el artista y luego añadió reflexivamente–: Ese afán hizo que produjera cosas buenas a nivel artístico, pero también impidió que madurara algunas”.

El director de la Casa de la Cultura, Alberto Muñoz Peñaloza, enfatizó el carácter positivo y voluntario del artista plástico. “Arturo vino a verme en los días del Festival Vallenato. Se le notaba determinado y entusiasta. Enseguida me dijo que debíamos hacer algo para mover el mundo de la Cultura –explicó el director–. Acordamos hacer una exposición y él debía volver en diciembre para terminar de concretar los elementos de esa exposición”.

El artista y docente José Aníbal Moya también pudo ver Arturo Castro Castro durante el Festival Vallenato del año 2012 y, sin embargo, detrás de su habitual alegría, se percató de su malestar. “En su último viaje a Valledupar, Arturo Castro me explicó que había estado muy enfermo y que lo había salvado el Santo Eccehomo”,  explica José Aníbal.

“Era una persona muy extrovertida, tirada a la bohemia –añade el artista–. Las últimas obras que vi de Arturo Castro Castro fue cuando expuso por aquí en Valledupar, hace tiempo. Su línea artística iba muy ligada al folclor”.

José Aníbal Moya admitió que la muerte de Arturo Castro Castro lo había entristecido mucho y especialmente el hecho de verlo morir en un estado de total soledad.

Obra de Arturo Castro CastroEl artista sandiegano, José Luis Molina, también pudo hablar con Arturo Castro Castro durante su último Festival Vallenato. “Le dije que lo llamaría para mostrarle algunos trabajos pero no nos volvimos a ver”, expresa.

“Antes de conocerle en persona, había visto un trabajo suyo en el Banco de la República –añade el entrevistado–. De todos los artistas expuestos en el salón, fue el que más me gustó. Pensé incluso que quería hacer algo como él”.

Arturo Castro Castro fue el profesor de perspectiva de José Luis Molina. Hoy, el que fue su alumno, lo recuerda como una persona tranquila, pero de acción, que invitaba a lanzarse en proyectos y siempre se ponía a la par de todos.

“No ponía distancia entre profesor y alumno. Generaba cercanía –explica José Luis–. Recuerdo que un día me puse a dibujar una perspectiva en el patio de Bellas Artes y me sentía profundamente insatisfecho con lo que había hecho, pero él llegó y me dijo que le encantaba lo que había hecho. Le pareció interesante la atmósfera”.

Según José Luis Molina, el arte de Arturo Castro Castro podía ser tradicional e irreverente, conciliaba los dos extremos de una manera compleja. “Recuerdo que retrató en una obra a políticos de la región con cuerpos de mujer –explica–.  Ese trabajo generó polémica y estuvo expuesto durante bastante tiempo en una peluquería. Todo aquel que quería verlo iba ahí. De hecho, mucha gente lo vio”.

El artista Celso Castro, primo del homenajeado, destaca la personalidad generosa del pintor.  “Era una persona muy protectora. Cuando notaba un problema no dudaba en acercarse y defender a la persona –comenta Celso–. Era una persona muy directa. Decía las cosas de manera muy auténtica y, además, hacía todo lo posible para lograr su propósito”.

Joner Rojano compartió algunas de sus impresiones sobre el difunto artista. La pena en su rostro fue notable. Me explicó que, también, había podido ver al artista en su último viaje a Valledupar. De él destacó su espíritu libre y su discurso social. “No tenía pretensiones de ascender, sino de exponerse e innovar a través del arte –argumenta Joner–. Era muy libre y alegre. También era muy inconforme, pero no era capaz de agredir. Era rebelde con el arte. Ridiculizaba con él, pero no se enfrentaba directamente a las personas”.

El artista conoció de cerca la primera etapa de Arturo donde homenajeaba a las piloneras con una plasticidad única. “Las pintaba en serie y, de hecho, puso la sociedad vallenata a consumir piloneras”, explica el artista.

El segundo periodo inició en Bogotá. Allí Arturo Castro Castro empezó a pintar unas selvas densas y figurativas. “Creo que el sentirse demasiado atado a la obra de las piloneras lo impulsó a irse de Valledupar –sostiene Joner–. En Bogotá se sentía feliz. Estaba libre para crear”.

El artista fallecido pintaba en un patio donde había mostrado una especial atracción por la naturaleza. Ahí recibía la visita de sus amistades y conversaba sobre todo tipo de temas.

“Su fallecimiento me impactó –explica Joner con un gesto de amargura–. Pensé lo que solemos pensar habitualmente los artistas de Valledupar: muere una persona y, de repente, empezamos a hablar bien de él, cuando en realidad lo castigábamos a latigazos. La sociedad fue muy mezquina con él”.

Finalmente, María Chona, una amiga muy cercana de Arturo Castro Castro, me reveló algunos detalles de su relación con el artista y de su último viaje con motivo del Festival Vallenato. Arturo la consideraba como su hermana ya que durante los últimos 13 años habían pasado mucho tiempo junto y compartido numerosas anécdotas.

“Era en temporada del festival. Estaba muy alegre, muy sonriente, y quería compartir tiempo con los amigos –comenta María–. No parecía estar enfermo y, sin embargo, él ya sabía que sufría de cáncer. Se estaba tomando las pastillas para medicarse”.

La entrevistada destacó el carácter la espontaneidad y rebeldía del artista. “Tenía fama de pelietas. Explotaba con frecuencia y sobre todo tipo de asuntos –sostiene–. Cuando estaba de mal genio o no le gustaba algo, lo expresaba enseguida. Era inconforme con lo que veía en Valledupar. Decía que la gente debía ser más espontánea y no tan doble-moralista. Entonces, uno sabía que él era así. Aceptó su vida como era y eso a mucha gente no le gustó”.

La mujer se interrumpió levemente. Reflexionó y añadió algo que me llamó especialmente la atención: “Creo que vino a reconciliarse con todos”. Con estas palabras concluyó mi investigación y con ellas entendí que Arturo Castro Castro nunca quiso alejarse de Valledupar. Siempre la tuvo en el corazón, pese a vivir en la distancia.

 

Johari Gautier Carmona

Acerca de la realización de este reportaje: El autor agradece el tiempo concedido por cada uno de los entrevistados así como el interés y el cariño expresados en sus testimonios. También agradece la colaboración de Marco Castro por la información y las fotografías suministras, sin ellas este reportaje sería incompleto.

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